Los estados de la UE respaldaron un acuerdo de libre comercio histórico con el bloque Mercosur de países latinoamericanos, que comprende Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Se prevé que el acuerdo, finalizado tras un cuarto de siglo de negociaciones, elimine los aranceles de más del 90% de los bienes comercializados entre las dos regiones, lo que podría ahorrar a los exportadores de la UE más de 4.000 millones de euros anuales.
El acuerdo tiene como objetivo crear un mercado combinado de más de 700 millones de consumidores. Las estimaciones preliminares sugieren un aumento potencial del PIB de la UE de aproximadamente el 0,1% a largo plazo, impulsado por el aumento de las exportaciones de bienes manufacturados, en particular automóviles y maquinaria, y servicios. Se espera que los países del Mercosur se beneficien del aumento de las exportaciones agrícolas a la UE.
Sin embargo, el acuerdo suscitó inmediatamente controversia, sobre todo en el sector agrícola. Agricultores de toda Europa, en particular de Polonia, Francia, Grecia y Bélgica, organizaron protestas, bloqueando importantes carreteras en ciudades clave como París, Bruselas y Varsovia. Sus preocupaciones se centran en la posible afluencia de productos agrícolas más baratos procedentes de los países del Mercosur, que temen que socaven los precios internos y amenacen sus medios de vida. Esto se ve agravado por las diferentes normas medioambientales, ya que los agricultores de la UE están sujetos a normativas más estrictas que sus homólogos del Mercosur.
El bloque Mercosur representa un mercado importante para las empresas de la UE. En 2023, las exportaciones de la UE al Mercosur ascendieron a aproximadamente 45.000 millones de euros, mientras que las importaciones procedentes del Mercosur alcanzaron los 42.000 millones de euros. Los sectores clave que participan en el comercio entre las dos regiones son el automotriz, la maquinaria, los productos químicos, los productos farmacéuticos y los productos agrícolas. El acuerdo tiene por objeto agilizar los procesos comerciales y reducir las barreras no arancelarias, impulsando aún más la actividad económica.
De cara al futuro, el acuerdo se enfrenta a importantes obstáculos antes de su plena aplicación. Se requiere la ratificación por parte del Parlamento Europeo y de los distintos Estados miembros, un proceso que podría ser largo y polémico dada la fuerte oposición de determinados sectores y facciones políticas. Se espera que la Comisión Europea aplique medidas de salvaguardia para proteger los sectores agrícolas sensibles, pero la eficacia de estas medidas está por ver. El éxito a largo plazo del acuerdo depende de que se aborden las preocupaciones de los agricultores europeos y de que se mantengan las normas medioambientales en ambas regiones.
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