El presidente Trump emitió este fin de semana una orden ejecutiva destinada a salvaguardar los ingresos petroleros venezolanos retenidos en EE. UU. de posibles embargos en procedimientos legales. La orden estipula que estos fondos se reserven para "fines gubernamentales y diplomáticos", protegiéndolos efectivamente de reclamaciones privadas.
La medida se produce mientras el gobierno de EE. UU. busca mantener influencia en sus esfuerzos por fomentar la estabilidad económica y política en Venezuela. La orden ejecutiva sugiere la preocupación de que permitir reclamaciones privadas contra estos activos podría agotar los recursos vitales para la reconstrucción del país y potencialmente desestabilizar aún más la región.
La orden llega en medio de una creciente inquietud de los ejecutivos petroleros estadounidenses con respecto a la viabilidad de invertir en Venezuela. El CEO de ExxonMobil, Darren Woods, hablando en una reunión convocada por Trump el viernes, declaró que Venezuela es actualmente "inviable para la inversión" dadas las estructuras comerciales existentes, las sanciones estadounidenses en curso y décadas de incertidumbre política. Trump intentó tranquilizar a los ejecutivos, prometiendo una participación directa con el gobierno de EE. UU. en lugar del régimen venezolano.
El sector petrolero de Venezuela, que alguna vez fue un importante contribuyente al mercado mundial, ha sufrido una disminución significativa en los últimos años. La producción se ha desplomado de más de 3 millones de barriles por día a fines de la década de 1990 a un estimado de 700.000 barriles por día en la actualidad. Esta disminución se atribuye a la mala gestión, la corrupción y la falta de inversión. La crisis económica del país ha exacerbado aún más la situación, lo que ha provocado una escasez generalizada e hiperinflación.
La orden ejecutiva señala la intención del gobierno de EE. UU. de desempeñar un papel directo en la gestión de los ingresos petroleros venezolanos, potencialmente eludiendo al régimen actual. Si bien el impacto a largo plazo sigue siendo incierto, la orden podría allanar el camino para una futura participación de EE. UU. en la reconstrucción de la infraestructura petrolera de Venezuela, dependiendo de los cambios políticos y un clima de inversión más estable. Sin embargo, atraer una inversión privada significativa requerirá abordar los problemas subyacentes del riesgo político, el cumplimiento de los contratos y la posibilidad de futuros embargos de activos.
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