Eryn Schultz, una antigua supervisora en las tiendas de comestibles H-E-B, dejó su puesto tras identificar deficiencias en el plan 401(k) de la empresa, incluyendo su complejidad, la falta de materiales educativos en español y las altas comisiones. Schultz, que tenía un máster en administración de empresas, observó que la fórmula para las contribuciones equivalentes de H-E-B era difícil de entender para algunos empleados por hora, lo que ocultaba el valor del beneficio. También observó la ausencia de suficientes recursos educativos en español, el idioma principal de muchos de los 165.000 trabajadores de la empresa.
Schultz planteó sus preocupaciones a los responsables de la toma de decisiones en la empresa con sede en Texas, pero sintió que sus sugerencias no fueron bien recibidas. "Algunos de mis empleados por hora no llegaban a comprender lo buena que era la igualación", declaró Schultz, recordando su tiempo educando a los empleados sobre el plan. También expresó su frustración por lo que percibía como comisiones excesivas dentro de los fondos de inversión ofrecidos.
Después de aproximadamente un año en un puesto de liderazgo en la tienda supervisando productos perecederos, Schultz dejó H-E-B, citando las exigentes horas de trabajo en el comercio minorista y su insatisfacción con el plan 401(k). La experiencia puso de relieve el papel fundamental que desempeñan los empleadores en la educación de su plantilla sobre el ahorro para la jubilación y en la garantía de un acceso equitativo a la información financiera. La situación también subrayó la importancia de unos planes de jubilación transparentes y accesibles, especialmente para las empresas con poblaciones de empleados diversas.
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