Según un informe de The New York Times, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de la administración Trump planea, al parecer, ignorar los beneficios para la salud de la reducción de la contaminación del aire al crear regulaciones para el ozono y las partículas finas, una medida que rompe con décadas de práctica establecida. Esta decisión, de implementarse, significaría que la EPA ya no tendría en cuenta el valor económico de prolongar la vida humana al evaluar los costos y beneficios de las regulaciones sobre la contaminación del aire.
Desde la administración Reagan, la EPA ha asignado un valor monetario a la vida humana para realizar análisis de costo-beneficio de los controles de contaminación. Este enfoque permitió a la agencia sopesar las ventajas económicas de la reducción de la contaminación, como una mayor esperanza de vida y una mejor salud pública, frente a los costos de la implementación de regulaciones más estrictas. Todas las administraciones desde Reagan han seguido utilizando este método.
El ozono y las partículas finas, también conocidas como PM2.5, se han relacionado con diversas dolencias cardiovasculares, como el asma, las enfermedades cardíacas y el enfisema. Los riesgos asociados con la contaminación del aire fueron una de las principales razones para el establecimiento de la EPA bajo el mandato del presidente Richard Nixon.
Las implicaciones de este cambio podrían ser significativas. Al no considerar los beneficios para la salud de un aire más limpio, la EPA podría debilitar o revertir las regulaciones existentes, lo que podría conducir a una mayor contaminación del aire y a resultados adversos para la salud. Este enfoque también podría afectar la forma en que la EPA utiliza la IA y los modelos de aprendizaje automático, que dependen cada vez más de conjuntos de datos integrales que incluyen los impactos en la salud para predecir los patrones de contaminación e informar las decisiones regulatorias. Si se excluyen los datos de salud, estos modelos podrían ser menos precisos y eficaces en la protección de la salud pública.
La decisión de la EPA plantea interrogantes sobre las consideraciones éticas del uso de la IA en la regulación ambiental. A medida que la IA se integra más en la formulación de políticas, es crucial garantizar que los algoritmos estén diseñados para priorizar el bienestar humano y reflejar los valores sociales. La situación actual pone de relieve la necesidad de transparencia y rendición de cuentas en la forma en que se utiliza la IA para evaluar los riesgos ambientales e informar las decisiones regulatorias.
La EPA aún no ha anunciado oficialmente el cambio, y aún no se ha visto el impacto total. Sin embargo, si la agencia sigue adelante con sus planes, podría enfrentarse a impugnaciones legales y a la oposición pública de grupos ecologistas y defensores de la salud pública. La decisión también sienta un precedente para futuras administraciones, lo que podría influir en la forma en que se desarrollan y aplican las regulaciones ambientales en los años venideros.
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