El poder judicial de Irán declaró el jueves que no había dictado una sentencia de muerte para Erfan Soltani, un manifestante de 26 años, retractándose de las amenazas anteriores de ejecuciones en medio de la condena internacional y los temores de una posible acción militar estadounidense. El anuncio, informado por la emisora estatal de Irán y difundido en las redes sociales, se produce después de semanas de manifestaciones generalizadas en todo el país.
Las protestas, desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini en septiembre mientras estaba bajo la custodia de la policía de la moral de Irán, han evolucionado hasta convertirse en una expresión más amplia de descontento con el liderazgo clerical del país. Los grupos de derechos estiman que miles de personas, principalmente civiles, pero también miembros de los servicios de seguridad, han muerto durante la represión del gobierno.
El ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró el miércoles que había sido informado de que la ejecución de los manifestantes no seguiría adelante y que los asesinatos en Irán habían cesado, aunque no proporcionó más detalles.
Los analistas sugieren que el gobierno iraní está intentando diferenciar entre los manifestantes ordinarios y aquellos a los que califica de "alborotadores" y "terroristas" apoyados por entidades extranjeras. Este cambio en el mensaje, dicen, está diseñado para ejercer presión sobre los ciudadanos iraníes y disuadir una mayor participación en las protestas. El gobierno iraní ha acusado durante mucho tiempo a potencias extranjeras, incluidos Estados Unidos e Israel, de fomentar disturbios dentro de sus fronteras.
Las protestas representan uno de los desafíos más importantes para la República Islámica desde las manifestaciones del Movimiento Verde de 2009. Los disturbios actuales reflejan quejas profundamente arraigadas relacionadas con las dificultades económicas, las restricciones sociales y la falta de libertad política. La economía de Irán ha estado luchando bajo el peso de las sanciones internacionales, particularmente aquellas impuestas por Estados Unidos tras su retirada del acuerdo nuclear de 2015.
La comunidad internacional ha condenado en gran medida la respuesta del gobierno iraní a las protestas, y muchos países han impuesto sanciones a funcionarios y entidades iraníes involucrados en la represión. La Unión Europea, Estados Unidos y Canadá han tomado medidas para responsabilizar a Irán por sus abusos contra los derechos humanos. La situación sigue siendo fluida, con el potencial de una mayor escalada o desescalada dependiendo de las acciones tanto del gobierno iraní como de los manifestantes. La comunidad internacional continúa monitoreando la situación de cerca, con llamados a la moderación y al diálogo.
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