Eritrea ha negado vehementemente las acusaciones, acusando a Etiopía de "izar falsas banderas para justificar la guerra que ha estado ansiosa por desatar durante dos largos años". La declaración del gobierno eritreo subraya el rápido deterioro de la relación entre los dos países, que comparten una historia marcada tanto por la cooperación como por el conflicto.
La fricción actual representa un cambio significativo con respecto a la paz tentativa forjada durante la guerra civil de 2020-2022 en el norte de Etiopía, donde las fuerzas eritreas lucharon junto al ejército etíope contra el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF). Ese conflicto, que suscitó la condena internacional por presuntos abusos contra los derechos humanos cometidos por todas las partes, fue testigo de un breve período de alianza entre Etiopía y Eritrea, impulsado por su mutua animosidad hacia el TPLF.
Sin embargo, en los últimos meses se ha producido una creciente guerra de palabras, centrada principalmente en el renovado impulso de Etiopía para acceder al Mar Rojo. El Primer Ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, país sin salida al mar, ha declarado públicamente la necesidad de un puerto para el país, lo que ha suscitado preocupación en Eritrea, que controla una parte importante de la costa. Estas declaraciones han sido interpretadas por algunos como una amenaza potencial a la soberanía y la integridad territorial de Eritrea.
La milicia Fano, el presunto receptor de la munición eritrea, es un grupo étnico amhara que ha estado involucrado en una insurgencia contra el gobierno etíope. La región de Amhara ha experimentado una importante inestabilidad en los últimos años, alimentada por las quejas sobre disputas de tierras y la percepción de marginación por parte del gobierno central. El gobierno etíope ha estado llevando a cabo operaciones militares en Amhara para sofocar la rebelión.
Las acusaciones y contraacusaciones se producen en un momento de mayor sensibilidad geopolítica en el Cuerno de África. Eritrea se retiró recientemente de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), un bloque regional, lo que aísla aún más al país y señala un posible cambio en su política exterior. La comunidad internacional está siguiendo de cerca la situación, temiendo un posible retorno al conflicto armado entre Etiopía y Eritrea, lo que podría desestabilizar aún más la ya frágil región. Las Naciones Unidas y diversas organizaciones internacionales han pedido la desescalada y el diálogo para resolver las disputas de forma pacífica.
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