Tras años de divisiones internas, el gobierno yemení está reorientando sus esfuerzos en combatir al grupo rebelde hutí en el norte, con el objetivo de recuperar territorio y establecer una estructura de mando unificada. Este renovado impulso se produce tras un período de inestabilidad, en el que los soldados del gobierno y los combatientes anti-hutíes a menudo estaban divididos por agendas contradictorias, particularmente en el sur, donde muchos apoyaban al Consejo de Transición del Sur (CTS) separatista.
Naef, un soldado del gobierno que se unió al ejército en 2016, expresó su frustración por la falta de unidad, afirmando que era una razón principal del fracaso del gobierno para derrotar decisivamente a los hutíes. "Durante años, hemos estado luchando en diferentes frentes con diferentes objetivos", dijo. "Sin un mando claro y un propósito unificado, la victoria es imposible".
El conflicto en Yemen ha persistido durante casi una década, desde 2015, cuando los hutíes tomaron el control de Saná, la ciudad capital. El gobierno reconocido internacionalmente, respaldado por una coalición liderada por Arabia Saudita, ha estado luchando por recuperar el control desde entonces. La guerra ha provocado una grave crisis humanitaria, con millones de desplazados y enfrentando la hambruna.
Los analistas sugieren que el renovado enfoque del gobierno está impulsado en parte por el deseo de presentar un frente unido en las negociaciones de paz en curso. Al consolidar su control en áreas clave, el gobierno espera fortalecer su posición en cualquier futuro acuerdo político. Sin embargo, los hutíes siguen siendo una fuerza formidable, y el camino hacia una paz duradera sigue siendo incierto. La situación se complica aún más por la participación de potencias regionales, con Arabia Saudita e Irán apoyando a bandos opuestos en el conflicto. Las Naciones Unidas siguen pidiendo un alto el fuego y una solución negociada a la crisis.
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