El costo global de las emisiones de gases de efecto invernadero es casi el doble de las estimaciones anteriores, según un estudio publicado el jueves por investigadores de la Institución de Oceanografía Scripps de la Universidad de California en San Diego. El estudio, que incorpora los daños oceánicos a la evaluación del costo social del carbono (CSC), estima que la pérdida global de corales, la alteración de la pesca y la destrucción de la infraestructura costera cuestan casi 2 billones de dólares anuales.
Según los investigadores, la inclusión de los daños relacionados con el océano altera fundamentalmente la medición de la financiación climática. El costo social del carbono es un método contable utilizado para determinar el costo monetario de cada tonelada de dióxido de carbono liberada a la atmósfera. Este cálculo revisado impacta significativamente la forma en que los gobiernos y las empresas evalúan las consecuencias económicas de las emisiones de carbono y las políticas relacionadas con el clima.
Bernardo Bastien-Olvera, quien dirigió el estudio durante su beca postdoctoral en Scripps, declaró: "Durante décadas, hemos estado estimando el costo económico del cambio climático mientras que, en la práctica, asignábamos un valor de cero al océano". Enfatizó que "la pérdida del océano no es solo un problema ambiental, sino una parte central de la historia económica del cambio climático".
El costo anual de 2 billones de dólares abarca una variedad de impactos económicos. La degradación de los arrecifes de coral afecta los ingresos del turismo y la protección costera, mientras que la alteración de la pesca impacta los medios de vida de millones de personas que dependen de ella para su alimentación e ingresos. Los daños a la infraestructura costera, exacerbados por el aumento del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos extremos, requieren costosas reparaciones y esfuerzos de reubicación.
El CSC es una herramienta fundamental para los responsables de la formulación de políticas al considerar las regulaciones y las inversiones relacionadas con el cambio climático. Un CSC más alto justifica una acción climática más agresiva, ya que demuestra un mayor beneficio económico al reducir las emisiones. Este nuevo estudio sugiere que el argumento económico para la transición a una economía baja en carbono es incluso más sólido de lo que se entendía anteriormente.
El CSC actualizado podría influir en las decisiones de inversión en varios sectores, incluidos la energía, el transporte y la agricultura. Las empresas pueden enfrentar una mayor presión para reducir su huella de carbono e invertir en prácticas sostenibles. Los gobiernos también pueden verse obligados a implementar regulaciones ambientales más estrictas y mecanismos de fijación de precios del carbono.
La investigación destaca la interconexión de la economía global y el medio ambiente marino. Ignorar el valor económico del océano en las evaluaciones climáticas ha llevado a una subestimación del verdadero costo del cambio climático, según los autores del estudio. Se espera que los hallazgos impulsen una mayor investigación sobre los impactos económicos de la degradación del océano e informen políticas climáticas más integrales.
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