A medida que aumentan las tensiones comerciales entre EE. UU. y Europa por Groenlandia, la Unión Europea está considerando blandir un arma financiera significativa: su influencia sobre aproximadamente $8 billones de dólares en activos. Esta posible contramedida surge en respuesta a los aranceles recientemente anunciados por el presidente Trump a los países de la OTAN que desplegaron tropas en Groenlandia, una medida que se considera relacionada con el interés de su administración en adquirir el territorio danés semiautónomo.
El instrumento anti-coerción de la UE, que Francia ya está defendiendo, podría apuntar a la inversión extranjera directa y las finanzas, además del comercio. Si bien el impacto económico inmediato de los aranceles estadounidenses, inicialmente fijados en un 10% y que podrían aumentar hasta el 25%, parece limitado, las ramificaciones políticas son sustanciales. El economista jefe de Capital Economics, Neil Shearing, estimó que los aranceles reducirían el PIB en las economías objetivo de la OTAN en 0,1-0,3 puntos porcentuales y aumentarían la inflación estadounidense en 0,1-0,2 puntos.
El contexto del mercado es de creciente incertidumbre geopolítica. La posibilidad de que EE. UU. se apodere de Groenlandia por la fuerza o la coerción podría dañar irreparablemente a la OTAN, una piedra angular de la seguridad transatlántica y la cooperación económica desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los funcionarios europeos han declarado firmemente que la soberanía de Groenlandia no es negociable, lo que crea un enfrentamiento con la administración Trump.
El apalancamiento financiero de la UE representa una vulnerabilidad clave para EE. UU. La capacidad del bloque para influir en los flujos de inversión y los mercados financieros podría afectar significativamente la economía estadounidense, particularmente dada la interconexión de los sistemas financieros globales. El instrumento anti-coerción de la UE está diseñado para disuadir y contrarrestar la presión económica de terceros países, proporcionando un marco para medidas de represalia.
De cara al futuro, la situación sigue siendo fluida. La decisión de la UE sobre si desplegar su arsenal financiero dependerá de los próximos movimientos de la administración Trump con respecto a Groenlandia y su voluntad de negociar. Se avecina la posibilidad de una guerra comercial en toda regla, con importantes implicaciones para el crecimiento y la estabilidad económica mundial. El resultado probablemente dependerá de si ambas partes pueden encontrar una solución diplomática que respete las normas internacionales y evite una mayor escalada.
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