Irán está experimentando uno de los cortes de internet más severos de su historia, dejando a 92 millones de ciudadanos en gran medida desconectados tanto de los servicios en línea nacionales como internacionales, además de experimentar interrupciones en los mensajes de texto y las llamadas telefónicas. El gobierno iraní inició el cierre el 8 de enero, ostensiblemente para suprimir la disidencia y evitar la observación internacional de su respuesta a las protestas.
El Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, declaró que el corte de internet se debió a lo que él caracterizó como "operaciones terroristas" dirigidas externamente. El gobierno no ha proporcionado un cronograma para restablecer los servicios de internet, pero informes recientes sugieren un posible movimiento hacia restricciones permanentes. IranWire informó el 15 de enero que la portavoz del gobierno, Fatemeh Mohajerani, informó a los periodistas que el acceso web internacional permanecería no disponible hasta al menos el Año Nuevo iraní a finales de marzo.
El cierre suscita preocupación por el "aislamiento digital extremo" para los ciudadanos iraníes, según los observadores de la libertad en internet. FilterWatch cree que el gobierno está acelerando la implementación de nuevos sistemas y regulaciones diseñados para separar a Irán de la internet global. Esto implica la creación de una intranet nacional, un espacio digital amurallado controlado por el gobierno, que aísla efectivamente a los usuarios iraníes del ecosistema de internet más amplio.
La arquitectura técnica detrás de tal sistema se basa en una combinación de tecnología de inspección profunda de paquetes (DPI) y sofisticados mecanismos de filtrado. DPI permite al gobierno analizar el tráfico de la red en tiempo real, identificando y bloqueando sitios web, aplicaciones y protocolos específicos. Esta tecnología, a menudo suministrada por proveedores extranjeros a pesar de las sanciones, permite un control granular sobre el acceso a internet. La intranet nacional probablemente utilizaría una infraestructura de sistema de nombres de dominio (DNS) separada, impidiendo que los usuarios iraníes resuelvan nombres de dominio internacionales.
El impacto económico del cierre es significativo. Las empresas iraníes, particularmente aquellas que dependen del comercio electrónico y la comunicación en línea, están sufriendo pérdidas sustanciales. La interrupción también dificulta el acceso a la información y los recursos educativos, lo que afecta a estudiantes e investigadores. Además, el cierre complica la comunicación internacional, afectando a las comunidades de la diáspora y dificultando el reportaje periodístico.
Las acciones del gobierno iraní son consistentes con una tendencia más amplia de creciente censura y control de internet en los regímenes autoritarios. Al limitar el acceso a la información y restringir la comunicación en línea, estos gobiernos pretenden mantener el poder y suprimir la disidencia. Las consecuencias a largo plazo de tales políticas incluyen la innovación sofocada, el crecimiento económico reducido y el aumento del aislamiento social.
El estado actual sigue siendo incierto. Si bien el gobierno no ha anunciado oficialmente un cierre permanente, las restricciones en curso y los informes de cambios en la infraestructura sugieren un posible cambio hacia un entorno de internet más controlado. La situación está siendo monitoreada de cerca por organizaciones internacionales de derechos humanos y defensores de la libertad en internet, quienes están instando al gobierno iraní a restablecer el acceso total a internet y respetar los derechos digitales de sus ciudadanos. Los próximos meses serán críticos para determinar el futuro de la libertad en internet en Irán.
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