El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, tras asegurarse un séptimo mandato, calificó a sus oponentes políticos como terroristas que supuestamente intentaron perturbar los resultados electorales mediante la violencia. Museveni, de 81 años, ganó las elecciones con el 72% de los votos, según los resultados oficiales anunciados el domingo.
La elección ha suscitado críticas por parte de observadores electorales africanos y organizaciones de derechos humanos, que citan la supresión de las actividades de la oposición y un apagón de Internet a nivel nacional. El paradero del líder de la oposición, Bobi Wine, cuyo nombre real es Robert Kyagulanyi, seguía sin estar claro después de que afirmara haber evadido una redada policial en su residencia el sábado y haberse escondido. Wine obtuvo el 25% de los votos.
Los funcionarios de policía negaron haber realizado una redada en la casa de Wine, afirmando que todavía estaba en la residencia, al tiempo que impedían a los periodistas acceder a la zona. El gobierno implementó un cierre de Internet días antes de las elecciones, una medida que, según los críticos, tenía como objetivo sofocar la capacidad de la oposición para comunicarse y organizarse.
Museveni ha estado en el poder desde 1986. Su administración ha defendido sus acciones, afirmando que eran necesarias para mantener el orden y prevenir la violencia durante el período electoral. El gobierno también ha acusado a Wine de incitar a la violencia e intentar desestabilizar el país.
La elección tuvo lugar en medio de una mayor tensión y una represión contra las figuras de la oposición. Wine, un popular músico convertido en político, se ha convertido en un importante rival del largo mandato de Museveni, particularmente entre los votantes más jóvenes. Estados Unidos y la Unión Europea han expresado su preocupación por la equidad y la transparencia de la elección, pidiendo que se investiguen las irregularidades denunciadas. La Unión Africana desplegó una misión de observación para supervisar la elección. Su informe preliminar reconoció algunas irregularidades, pero consideró que la elección fue generalmente pacífica. La situación sigue siendo tensa, con potencial para nuevas protestas y desafíos legales a los resultados electorales.
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