La comunicación dentro de Irán sigue viéndose gravemente obstaculizada por los apagones de internet impuestos por el gobierno y una atmósfera generalizada de miedo, según informó NPR el 18 de enero de 2026. Estas restricciones complican la capacidad de determinar el alcance total de los disturbios en curso y su impacto en la población iraní.
Jane Arraf de NPR, informando desde Ammán, señaló la dificultad para obtener información fiable debido al apagón extremo de información. Esto ocurre tras semanas de protestas provocadas por un colapso financiero exacerbado por las sanciones de Estados Unidos. Si bien la intensidad de las manifestaciones ha disminuido, las tensiones siguen siendo elevadas.
El líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, ha reconocido que miles de personas han muerto durante los disturbios. Los grupos de derechos humanos estiman que el número de muertos supera los 15.000. Los cierres de internet, una táctica cada vez más empleada por los regímenes autoritarios, dificultan la organización de las protestas y limitan el flujo de información al mundo exterior. Esto dificulta que los observadores internacionales evalúen con precisión la situación sobre el terreno y que los iraníes compartan sus experiencias.
El uso de apagones de internet plantea preocupaciones sobre la aplicación de la IA en la censura y el control. Los algoritmos sofisticados ahora pueden identificar y bloquear contenido específico, monitorear la actividad en línea e incluso predecir la disidencia potencial. Esta tecnología permite a los gobiernos ejercer un control sin precedentes sobre el panorama informativo, limitando la libertad de expresión y de reunión. Las implicaciones para la sociedad son profundas, ya que la censura impulsada por la IA puede sofocar los movimientos democráticos y suprimir los derechos humanos.
El estado actual es de continua incertidumbre. Si bien los temores de una acción militar inmediata por parte de Estados Unidos han disminuido, las tensiones subyacentes que alimentan las protestas siguen sin resolverse. El futuro depende de la respuesta del gobierno iraní a las quejas económicas y las demandas políticas de sus ciudadanos, así como de la capacidad de la comunidad internacional para responsabilizar al régimen por su historial de derechos humanos.
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