Se finalizó un acuerdo internacional para proteger la vida marina en alta mar, áreas más allá de la jurisdicción nacional, lo que marca un paso significativo hacia la conservación de los océanos. El tratado, que ha tardado años en elaborarse, tiene como objetivo establecer un marco para gestionar y proteger la biodiversidad en aguas internacionales, que comprenden casi dos tercios de los océanos del mundo. Históricamente, estas áreas han carecido de una supervisión integral, lo que ha generado preocupación por la sobrepesca, la contaminación y la destrucción del hábitat.
El acuerdo permite la creación de áreas marinas protegidas en alta mar, una herramienta crucial para salvaguardar los ecosistemas y las especies vulnerables. También establece directrices para las evaluaciones de impacto ambiental de las actividades que podrían dañar la vida marina, como la minería en aguas profundas. El tratado aborda la necesidad de una distribución equitativa de los beneficios de los recursos genéticos marinos que se encuentran en aguas internacionales, un punto clave de controversia durante las negociaciones.
La alta mar a menudo se ha descrito como el "salvaje oeste" del océano, sujeta a la explotación con una regulación limitada. Antes de este acuerdo, la gobernanza estaba fragmentada, con varios organismos internacionales que supervisaban actividades específicas como la pesca o el transporte marítimo, pero sin un mecanismo general para garantizar la protección integral de la biodiversidad. Esta falta de coordinación obstaculizó los esfuerzos eficaces de conservación y dejó vastas áreas del océano vulnerables.
El tratado refleja un creciente reconocimiento internacional de la importancia de la salud de los océanos para el bienestar general del planeta. Los océanos desempeñan un papel vital en la regulación del clima, proporcionando alimentos y medios de vida a miles de millones de personas y sustentando una vasta variedad de vida. La degradación de los ecosistemas marinos puede tener consecuencias de gran alcance, que afectan a las comunidades costeras, la pesca y los patrones climáticos globales.
Bryan Walsh, director editorial sénior de Vox, señaló la falta histórica de supervisión en estas áreas, enfatizando el potencial del tratado para aportar una regulación muy necesaria.
El acuerdo está abierto a la firma y ratificación por parte de los distintos países. Una vez que un número suficiente de naciones haya ratificado el tratado, entrará en vigor, estableciendo un marco legal para proteger la biodiversidad en alta mar. La implementación del tratado requerirá una cooperación y un compromiso internacionales continuos para garantizar su eficacia en la salvaguardia de la salud de los océanos del mundo.
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