El viernes, el CST declaró que había comenzado una "guerra", acusando a las fuerzas terrestres respaldadas por Arabia Saudí de lanzar un ataque en conjunto con ataques de la fuerza aérea saudí. Esto marcó una confrontación directa sin precedentes entre los dos estados del Golfo, amenazando con dividir aún más a la nación ya devastada por la guerra.
Tanto Arabia Saudí como los Emiratos Árabes Unidos intervinieron en Yemen en nombre del gobierno reconocido internacionalmente, liderado por el presidente Abdrabbuh Mansur Hadi, contra los rebeldes hutíes respaldados por Irán que tomaron el control de gran parte del norte de Yemen en 2014. Sin embargo, sus intereses y estrategias divergentes se han vuelto cada vez más evidentes en los últimos años. Los Emiratos Árabes Unidos han apoyado principalmente al CST, un grupo que busca la autonomía para el sur de Yemen, mientras que Arabia Saudí se ha mantenido centrada en restaurar el gobierno de Hadi y contrarrestar la influencia hutí.
La guerra civil de Yemen, que comenzó en 2014, ha sumido al país en una crisis humanitaria, dejando a millones de personas al borde de la inanición. El conflicto también ha atraído a potencias regionales e internacionales, exacerbando las tensiones geopolíticas existentes. Las Naciones Unidas estiman que cientos de miles de personas han muerto como resultado de la guerra, tanto directamente por los combates como indirectamente por enfermedades e inanición.
La escalada actual destaca la compleja dinámica en juego en Yemen y los desafíos que enfrentan los esfuerzos internacionales para mediar una resolución pacífica. El potencial de un estado sureño separado plantea interrogantes sobre el futuro de la integridad territorial de Yemen y las implicaciones más amplias para la estabilidad regional. La evolución de la relación entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que alguna vez se consideró una piedra angular de la seguridad del Golfo, añade otra capa de incertidumbre al conflicto.
La situación sigue siendo fluida, con enfrentamientos en curso reportados en varias áreas del sur de Yemen. Los observadores internacionales están pidiendo una desescalada y un compromiso renovado con el diálogo para evitar un mayor derramamiento de sangre y abordar las quejas políticas subyacentes que alimentan el conflicto. El futuro de Yemen pende de un hilo a medida que se desarrollan estos acontecimientos.
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