Israel observa de cerca las protestas en curso en Irán, una nación que considera un adversario importante, pero es poco probable que intervenga activamente para instigar un cambio de régimen, según exfuncionarios y analistas. El gobierno del Primer Ministro Benjamin Netanyahu considera a Irán, particularmente a su Líder Supremo, el Ayatollah Ali Khamenei, como una gran amenaza global, estableciendo paralelismos con la Alemania nazi.
Los dos países participaron en un conflicto breve pero intenso el pasado junio, durante el cual Israel, con el apoyo limitado de Estados Unidos, llevó a cabo ataques aéreos contra instalaciones militares y nucleares iraníes. Irán respondió lanzando misiles balísticos contra Israel. Si bien los israelíes agradecerían la caída del actual gobierno iraní, la evaluación en Jerusalén es que el régimen no está al borde del colapso y las protestas actuales no son lo suficientemente sustanciales como para desencadenar tal evento.
La renuencia de Israel a actuar unilateralmente se debe a varios factores. Un ataque israelí directo a Irán se considera improbable a menos que ocurra dentro del marco de una operación liderada por Estados Unidos o como respuesta directa a un ataque iraní contra Israel. Además, existen preocupaciones en Israel con respecto a las posibles repercusiones de una intervención militar estadounidense en Irán, incluido el riesgo de una guerra de represalia contra Israel.
La compleja relación entre Israel e Irán tiene sus raíces en décadas de rivalidad geopolítica y diferencias ideológicas. Tras la Revolución Islámica de 1979, Irán adoptó una postura firmemente antiisraelí, considerando al país como una entidad ilegítima y un representante de las potencias occidentales en Oriente Medio. El apoyo de Irán a grupos como Hezbollah en el Líbano y Hamas en la Franja de Gaza, ambos involucrados en conflictos armados con Israel, ha alimentado aún más las tensiones.
Desde una perspectiva internacional, cualquier intervención israelí en Irán probablemente sería vista con preocupación por muchos países. El potencial de escalada e inestabilidad regional es alto, y la comunidad internacional probablemente instaría a la moderación y a una solución diplomática.
Actualmente, Israel mantiene una postura vigilante, confiando en la recopilación de inteligencia y los esfuerzos diplomáticos para contrarrestar la influencia de Irán en la región. La trayectoria futura de las protestas en Irán y cualquier posible cambio en la política estadounidense hacia el país probablemente jugarán un papel importante en la configuración del enfoque de Israel.
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