Cuba se enfrenta a una inminente crisis energética, ya que su principal proveedor de petróleo, Venezuela, ha sido prácticamente aislado debido a la presión de la administración Trump. Este acontecimiento amenaza con desestabilizar la ya frágil economía cubana y podría desencadenar un mayor malestar social.
La isla, muy dependiente del petróleo importado, ha dependido históricamente de Venezuela para una parte importante de sus necesidades energéticas. Este acuerdo, producto de la alineación socialista de Cuba y su papel como contrapeso a la influencia estadounidense, permitió a Cuba intercambiar petróleo desde 1960. Sin embargo, las acciones del gobierno estadounidense dirigidas contra el presidente venezolano Nicolás Maduro han interrumpido esta crucial línea de suministro.
Más allá de Venezuela, la administración Trump también ha ejercido presión sobre México y Rusia, los otros principales proveedores de petróleo de Cuba, para que reduzcan los envíos. El efecto combinado de estas acciones ha dejado a Cuba con reservas de petróleo críticamente bajas, estimadas en menos de dos meses, según múltiples informes.
Las consecuencias inmediatas ya se están sintiendo en toda la isla. Los apagones son cada vez más frecuentes, lo que perturba la vida cotidiana y dificulta la actividad económica. La economía de Cuba se está contrayendo, lo que agrava las dificultades existentes para sus ciudadanos. Estas tensiones económicas han alimentado las protestas callejeras, a pesar de los esfuerzos del gobierno por reprimir la disidencia a través de su aparato de seguridad.
La situación actual se asemeja a épocas pasadas de dificultades para Cuba. Como señaló un observador, "Ha estado en muy mala forma muchas veces antes". El colapso de la Unión Soviética a principios de la década de 1990, por ejemplo, desencadenó una grave crisis económica conocida como el "Período Especial", durante la cual Cuba se enfrentó a una escasez generalizada y a dificultades económicas.
Queda por ver cómo Cuba superará este último desafío. El gobierno puede buscar proveedores de petróleo alternativos o explorar fuentes de energía nacionales. Sin embargo, la actual política estadounidense crea importantes obstáculos a estos esfuerzos. La futura estabilidad de Cuba depende de su capacidad para asegurar un suministro de energía fiable frente a la creciente presión externa.
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