El estudio, financiado bajo la supervisión de Robert F Kennedy Jr., un conocido escéptico de las vacunas y el secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de EE. UU., desató críticas generalizadas. Las preocupaciones se centraron en la ética de potencialmente negar a los recién nacidos en Guinea-Bissau, un país con una alta prevalencia de hepatitis B, el acceso a una vacuna que salva vidas.
La hepatitis B es una infección viral que ataca el hígado y puede causar enfermedades tanto agudas como crónicas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un importante problema de salud mundial, particularmente en África y Asia. La vacuna contra la hepatitis B es muy eficaz para prevenir la infección y el daño hepático posterior, incluida la cirrosis y el cáncer de hígado. El estándar de atención implica administrar la primera dosis de la vacuna dentro de las 24 horas posteriores al nacimiento.
"Es importante para los CDC de África tener evidencia que pueda traducirse en políticas, pero esto debe hacerse dentro de la norma", afirmó Boum, enfatizando la importancia de las consideraciones éticas en la investigación.
Los detalles específicos del diseño del estudio que llevaron a las preocupaciones éticas no quedaron claros de inmediato. Sin embargo, el problema central giraba en torno a la posibilidad de que un grupo de control se viera privado de los beneficios establecidos de la vacuna contra la hepatitis B. Los expertos en bioética han sostenido durante mucho tiempo que la retención de intervenciones probadas a los participantes en ensayos clínicos solo se justifica en circunstancias muy específicas y limitadas, como cuando existe una incertidumbre genuina sobre la eficacia de la intervención o cuando existen intervenciones alternativas igualmente beneficiosas disponibles.
La cancelación del estudio plantea interrogantes sobre la supervisión y los procesos de revisión ética de los proyectos de investigación internacionales financiados por el gobierno de EE. UU. También destaca el debate en curso en torno a la vacilación ante las vacunas y la importancia de garantizar que las políticas de salud pública se basen en evidencia científica sólida y principios éticos. No se dispuso de inmediato de más detalles sobre las razones de la cancelación y las posibles consecuencias para los investigadores involucrados.
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