El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó el viernes con imponer aranceles a los países que se opongan a su ambición de anexar Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. En una reunión en la Casa Blanca, Trump declaró que "podría imponer un arancel a los países si no están de acuerdo con Groenlandia", aunque no especificó qué naciones podrían ser objeto de tales aranceles ni la base legal para los mismos.
La declaración de Trump se produjo cuando una delegación bipartidista del Congreso visitó Groenlandia para demostrar su apoyo al territorio. La delegación de 11 miembros, incluidos republicanos que han expresado reservas sobre la propuesta de adquisición del presidente, se reunió con miembros del parlamento, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen. El senador Chris Coons, demócrata y líder del grupo, no hizo comentarios sobre la amenaza arancelaria.
La idea de que Estados Unidos adquiera Groenlandia tiene una historia que se remonta al siglo XIX, lo que refleja la importancia estratégica de la isla debido a su ubicación y sus potenciales recursos naturales. En 1946, Estados Unidos ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares para comprar Groenlandia, una oferta que fue rechazada. Groenlandia está estratégicamente ubicada entre Europa y América del Norte y posee importantes recursos minerales, incluidos elementos de tierras raras cruciales para las tecnologías modernas.
Dinamarca desestimó rápidamente la expresión inicial de interés de Trump en comprar Groenlandia en 2019, y la primera ministra Frederiksen calificó la idea de "absurda". El incidente tensó las relaciones entre Estados Unidos y Dinamarca, un aliado de la OTAN. La visita actual de los legisladores estadounidenses tiene como objetivo aliviar las tensiones y reafirmar la importancia de la relación entre Estados Unidos y Dinamarca, particularmente en el contexto de la seguridad y la cooperación en el Ártico.
La perspectiva de la adquisición de Groenlandia plantea cuestiones complejas sobre la soberanía, la autodeterminación y los derechos de la población inuit, que constituye la mayoría de los habitantes de Groenlandia. Cualquier cambio potencial en el estatus de Groenlandia requeriría el consentimiento de los gobiernos danés y groenlandés, así como la consideración de los deseos de los habitantes de la isla. La situación sigue siendo fluida, y la amenaza de aranceles añade una capa de presión económica a las complejidades diplomáticas.
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