Durante la guerra de 12 días con Israel y Estados Unidos el pasado junio, el Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, supuestamente se retiró a un búnker debajo de su complejo en Teherán, evitando apariciones públicas y comunicación electrónica, una medida que los analistas ven como emblemática de su largo e inflexible mandato. Khamenei, de 86 años, ha liderado la República Islámica durante 37 años, estableciendo un sistema resistente al cambio, caracterizado por la rigidez ideológica y la hostilidad hacia Estados Unidos.
Los analistas sostienen que el liderazgo de Khamenei está marcado por una negativa a comprometer sus principios ideológicos fundamentales. Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio y Norte de África en Chatham House, declaró: "Es un obstruccionista; no lo veo, a estas alturas de su vida, comprometiendo su ideología y su legado". Vakil añadió: "Hará lo que sea necesario para permanecer en el poder hasta el último iraní; está muy interesado en mantener este sistema intacto y lo ve como una lucha existencial e ideológica".
El mandato de Khamenei ha estado marcado por recurrentes protestas a nivel nacional, que reflejan las tensiones subyacentes dentro de la sociedad iraní. Estas protestas, que han aumentado en frecuencia, ponen de relieve los desafíos al orden político existente y el deseo de cambio entre segmentos de la población.
El compromiso del Líder Supremo de mantener el statu quo es visto por algunos como una estrategia para preservar el poder y la pureza ideológica del régimen. Este enfoque, sin embargo, también ha sido criticado por sofocar las reformas políticas y sociales, contribuyendo al descontento interno y al aislamiento internacional. La trayectoria futura de Irán bajo el liderazgo continuo de Khamenei sigue siendo incierta, con posibles implicaciones tanto para la estabilidad interna como para la dinámica regional.
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