Durante la guerra de 12 días con Israel y Estados Unidos el pasado junio, el Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, supuestamente se retiró a un búnker debajo de su complejo en Teherán, evitando apariciones públicas y comunicación electrónica, una medida que los analistas ven como emblemática de su largo e inflexible mandato. Khamenei, de 86 años, ha mantenido un sistema estático y autoritario durante sus 37 años de reinado sobre la República Islámica, resistiéndose a los cambios que podrían diluir el poder del régimen y manteniendo una postura hostil hacia Estados Unidos.
Los analistas sugieren que el liderazgo de Khamenei se caracteriza por una negativa a ceder en sus ideologías centrales. "Es un obstruccionista; no lo veo, a estas alturas de su vida, comprometiendo su ideología y su legado", dijo Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio y Norte de África en Chatham House. Vakil añadió que Khamenei está decidido a preservar el sistema existente a cualquier precio, viéndolo como una lucha existencial e ideológica.
Khamenei sucedió al ayatolá Ruhollah Khomeini en 1989, heredando una nación moldeada por la Revolución Islámica de 1979 y la guerra Irán-Irak. A lo largo de las décadas, ha consolidado el poder, suprimiendo la disidencia y manteniendo un estricto control sobre la vida política y social. Su mandato ha estado marcado por protestas periódicas a nivel nacional, que se han vuelto cada vez más frecuentes en los últimos años, lo que refleja las tensiones subyacentes dentro de la sociedad iraní.
La postura inquebrantable del Líder Supremo tiene implicaciones significativas para las políticas internas y exteriores de Irán. A nivel nacional, limita el alcance de la reforma política y la liberalización social. A nivel internacional, perpetúa las tensiones con Estados Unidos y sus aliados, obstaculizando los esfuerzos para resolver los conflictos regionales e integrar a Irán en la economía global. La trayectoria futura de Irán bajo el liderazgo continuo de Khamenei sigue siendo incierta, pero los analistas anticipan una continuación del sistema actual, caracterizado por la rigidez ideológica y la resistencia al cambio.
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