Esta semana, órdenes judiciales permitieron la reanudación de los trabajos en varios parques eólicos marinos en construcción en la costa este, revirtiendo una paralización previa ordenada por la administración Trump. El Departamento del Interior había emitido una orden de suspensión de trabajos en diciembre para cinco proyectos, que suman 6 gigavatios de capacidad de generación, citando preocupaciones de seguridad nacional relacionadas con la interferencia del radar.
Los reveses legales permitirán que se reanude la construcción de tres proyectos específicos: Revolution Wind frente a Rhode Island, Empire Wind frente a Nueva York y Coastal Virginia Offshore Wind frente a Virginia. Los desarrolladores de estos proyectos presentaron demandas poco después de que se emitiera la orden de suspensión de trabajos de 90 días de la administración Trump.
La preocupación del gobierno se centró en el potencial de los parques eólicos para interferir con las operaciones de radar, un desafío que se había abordado durante todo el proceso de emplazamiento y permisos. Las estrategias de mitigación incluyen la ubicación estratégica de los parques eólicos para minimizar la interrupción de las instalaciones de radar existentes y la actualización del equipo de radar para filtrar el ruido generado por las palas de las turbinas. Estas actualizaciones implican técnicas sofisticadas de procesamiento de señales para distinguir entre objetivos de radar legítimos y las señales reflejadas por las palas de las turbinas giratorias.
El presidente Trump había expresado previamente su oposición a la energía eólica marina.
Se espera que la reanudación de estos proyectos tenga un impacto significativo en la industria eólica marina. Los 6 gigavatios de capacidad de generación representan una contribución sustancial a los objetivos de energía renovable y la estabilidad de la red. La energía eólica marina ofrece una fuente de energía consistente y confiable, particularmente valiosa en las regiones costeras con alta demanda de energía.
Las turbinas eólicas específicas que se están implementando en estos proyectos varían, pero generalmente presentan diseños avanzados optimizados para las condiciones marinas. Estas turbinas pueden alcanzar alturas de más de 240 metros y utilizar longitudes de pala que superan los 100 metros, lo que les permite capturar cantidades significativas de energía eólica. La electricidad generada se transmite luego a subestaciones terrestres a través de cables submarinos, lo que requiere una planificación cuidadosa y consideraciones ambientales para minimizar el impacto en los ecosistemas marinos.
Las demandas presentadas por los desarrolladores argumentaron que la orden de suspensión de trabajos se emitió sin justificación suficiente y que las preocupaciones sobre la interferencia del radar ya se habían abordado en el proceso de permisos. Los tribunales finalmente se pusieron del lado de los desarrolladores, permitiendo que los proyectos siguieran adelante.
Los próximos pasos implican que los desarrolladores reanuden las actividades de construcción, incluida la instalación de los cimientos de las turbinas, el despliegue de cables submarinos y el ensamblaje de las propias turbinas eólicas. Se espera que estos proyectos se completen en los próximos años, contribuyendo significativamente a la cartera de energía renovable de la región.
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