En una conferencia TechCrunch Disrupt en San Francisco, el fundador de Varda Space Industries, Will Bruey, predijo que dentro de 15 a 20 años, enviar a un humano de clase trabajadora a la órbita durante un mes será más rentable que desarrollar máquinas avanzadas para el trabajo espacial. Esta proyección contrasta con la declaración de octubre del fundador de Amazon y Blue Origin, Jeff Bezos, en una conferencia tecnológica italiana, donde anticipó que millones de personas vivirían en el espacio en cuestión de décadas, en gran parte debido a que los robots son más rentables para el trabajo espacial.
Los puntos de vista contrastantes han desatado un debate sobre el futuro del trabajo espacial y las consideraciones éticas que lo rodean. Mary-Jane Rubenstein, decana de ciencias sociales y profesora de religión y estudios de ciencia y tecnología en la Universidad Wesleyan, está explorando estas preguntas. Discutió las implicaciones de la declaración de Bruey, particularmente con respecto a quién trabajará en el espacio y en qué condiciones.
La visión de Bezos enfatizó la automatización, sugiriendo que los robots se encargarían de la mayor parte de las tareas espaciales. El contraargumento de Bruey sugiere un futuro donde la mano de obra humana, específicamente de la clase trabajadora, se convierte en una opción más económica. Esto plantea preguntas sobre los tipos de trabajos disponibles, la capacitación requerida y los riesgos potenciales involucrados en enviar humanos al espacio durante períodos prolongados.
Los factores económicos que impulsan estas predicciones son complejos. El desarrollo de robots sofisticados capaces de realizar tareas intrincadas en el duro entorno del espacio requiere una inversión significativa en investigación, desarrollo y pruebas. Por el contrario, el costo de enviar humanos al espacio está disminuyendo, impulsado por los avances en la tecnología de cohetes reutilizables y las empresas espaciales privadas como SpaceX.
El trabajo de Rubenstein profundiza en las dimensiones éticas de la exploración y explotación espacial. Examina cuestiones como la asignación de recursos, el impacto ambiental y el potencial de que las desigualdades sociales se reproduzcan o exacerben en el espacio. La cuestión de quién se beneficia de las actividades espaciales y quién asume los riesgos es fundamental para su investigación.
Actualmente, el espacio sigue siendo en gran medida dominio de los gobiernos y las empresas privadas adineradas. Sin embargo, a medida que los viajes espaciales se vuelven más accesibles, aumenta el potencial para que una gama más amplia de personas participe en actividades espaciales. Los próximos pasos implican mayores avances tecnológicos, desarrollo de políticas y marcos éticos para garantizar una exploración espacial responsable y equitativa.
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