Alain Orsoni, de 71 años, un antiguo líder nacionalista, fue abatido a tiros durante el funeral de su madre en Vero, Córcega. El incidente ocurrió mientras los dolientes se reunían en el pueblo, a media hora en coche de Ajaccio, la capital de la isla mediterránea. Orsoni, que había regresado del exilio en Nicaragua para asistir al funeral, fue alcanzado por un único disparo efectuado desde una zona de matorrales cercana, según informes de la AFP.
El asesinato ha conmocionado a los residentes de Córcega, una isla familiarizada con el crimen organizado y las vendettas. En los últimos tres años, 35 personas han muerto tiroteadas en la isla de 350.000 habitantes, lo que se traduce en una de las tasas de homicidio más altas de Francia. Sin embargo, la descarada naturaleza del asesinato de Orsoni, durante un funeral, ha aturdido incluso a aquellos acostumbrados a la violenta historia de la isla.
Córcega, aunque conocida por su belleza, lleva mucho tiempo luchando contra la violencia entre clanes. Las circunstancias que rodean la muerte de Orsoni ponen de relieve los continuos desafíos a los que se enfrenta la región en la lucha contra el crimen organizado. Orsoni fue incinerado tras un posterior funeral en Ajaccio, que estuvo fuertemente custodiado por la policía. Un amigo cercano, Jo Peraldi, expresó su incredulidad ante los acontecimientos, luchando por reconciliar el peso emocional del día con la violencia que se produjo.
La investigación del asesinato de Orsoni está en curso. Las autoridades están trabajando para determinar el motivo del asesinato e identificar al autor del disparo. El incidente ha renovado la preocupación por la seguridad en la isla y la necesidad de intensificar los esfuerzos para hacer frente al crimen organizado.
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