Un impuesto sobre el patrimonio propuesto en California está causando una inquietud significativa en Silicon Valley, provocando preocupaciones que van mucho más allá de la tasa impositiva actual del 5% del estado. El nerviosismo surge del impacto potencial en los fundadores que poseen acciones con derecho a voto desproporcionadas con respecto a su participación accionaria real.
El impuesto propuesto se dirige a las acciones con derecho a voto en lugar del capital subyacente. Esto podría tener un efecto dramático en los fundadores que utilizan estructuras de acciones de doble clase, comunes en la industria tecnológica, para mantener el control sobre sus empresas. Por ejemplo, Larry Page, a pesar de poseer aproximadamente el 3% del capital de Google, controla aproximadamente el 30% de su poder de voto. Bajo el impuesto sobre el patrimonio propuesto, Page sería gravado sobre ese control del 30%, una cifra que representa una parte sustancial de una empresa valorada en cientos de miles de millones de dólares. El New York Post informó que un fundador exalumno de SpaceX, que ahora está construyendo tecnología de red, podría enfrentar una factura de impuestos en la etapa de la Serie B que eliminaría efectivamente todas sus tenencias.
Esta posible carga fiscal está planteando serias preguntas sobre la viabilidad a largo plazo de construir y escalar empresas en California. La perspectiva de ser gravado sobre el poder de voto, en lugar de los activos líquidos reales, podría incentivar a los fundadores a reubicar sus empresas y propiedad intelectual en jurisdicciones más favorables a los impuestos. Esto podría conducir a una disminución de la inversión de capital de riesgo y a una desaceleración de la innovación dentro del estado.
David Gamage, profesor de derecho de la Universidad de Missouri que ayudó a desarrollar la propuesta, cree que la reacción de Silicon Valley es una reacción exagerada. Sugiere que los fundadores podrían utilizar cuentas de aplazamiento para los activos que no quieren que se graven de inmediato, y que California, en cambio, tome el 5% cada vez que esas acciones se vendan finalmente. Sin embargo, la complejidad y las posibles implicaciones a largo plazo de tales estrategias de aplazamiento siguen siendo una preocupación para muchos en la comunidad tecnológica.
El futuro de esta propuesta sigue siendo incierto. El debate destaca la tensión continua entre la necesidad de ingresos del estado y el deseo de mantener su posición como un centro global para la innovación tecnológica. Si se implementa, el impuesto sobre el patrimonio podría remodelar el panorama de Silicon Valley, lo que podría llevar a los fundadores y a las empresas a buscar entornos más favorables para el crecimiento y la creación de riqueza.
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