En una conferencia TechCrunch Disrupt en San Francisco, el fundador de Varda Space Industries, Will Bruey, predijo que dentro de 15 a 20 años, será más económico enviar a un humano de la clase trabajadora a la órbita durante un mes que desarrollar máquinas más avanzadas para tareas basadas en el espacio. Esta proyección, hecha semanas después de que el fundador de Amazon y Blue Origin, Jeff Bezos, sugiriera que los robots serían más rentables para el trabajo espacial, ha desatado un debate sobre el futuro del trabajo humano en el espacio y las consideraciones éticas que lo rodean.
Las visiones contrastantes de Bezos y Bruey resaltan una pregunta fundamental: ¿Quién trabajará en el espacio y bajo qué condiciones? Mary-Jane Rubenstein, decana de ciencias sociales y profesora de religión y estudios de ciencia y tecnología en la Universidad de Wesleyan, está explorando estas preguntas. Esta semana habló con TechCrunch sobre las implicaciones del trabajo espacial.
El trabajo de Rubenstein profundiza en las implicaciones éticas, sociales y filosóficas de expandir la presencia humana más allá de la Tierra. Su investigación considera el potencial de explotación, la necesidad de prácticas laborales justas y el impacto social más amplio de la colonización espacial. La discusión es particularmente relevante dado el creciente interés en la fabricación espacial, la extracción de recursos y el turismo.
La empresa de Bruey, Varda Space Industries, se centra en la fabricación en el espacio, con el objetivo de aprovechar el entorno único del espacio, como la microgravedad, para producir materiales y productos que son difíciles o imposibles de crear en la Tierra. Esto incluye productos farmacéuticos, materiales avanzados y otros bienes de alto valor. El modelo de negocio de la empresa se basa en la idea de que los beneficios de la fabricación en el espacio superarán los costes de enviar humanos y equipos a la órbita.
El coste actual de enviar humanos al espacio sigue siendo una barrera importante. Sin embargo, los avances en la tecnología de cohetes reutilizables, como los impulsados por SpaceX, están reduciendo los costes de lanzamiento. Esta tendencia, junto con las posibles innovaciones en los sistemas de soporte vital y los hábitats espaciales, podría hacer que el trabajo humano en el espacio sea más económicamente viable en los próximos años.
El debate sobre el trabajo humano frente al robótico en el espacio también toca el tema del riesgo. Si bien los robots pueden realizar tareas en entornos peligrosos sin poner en peligro vidas humanas, carecen de la adaptabilidad y las habilidades de resolución de problemas de los humanos. Algunos argumentan que una combinación de trabajo humano y robótico será el enfoque más eficaz, con robots que manejen las tareas rutinarias y humanos que brinden supervisión y experiencia.
A medida que la industria espacial continúa evolucionando, las implicaciones éticas y sociales del trabajo espacial serán cada vez más importantes. Garantizar prácticas laborales justas, proteger la salud y la seguridad de los trabajadores espaciales y abordar el potencial de explotación será crucial para crear un futuro sostenible y equitativo en el espacio. La discusión con Rubenstein subraya la necesidad de una consideración proactiva de estos temas a medida que la humanidad se aventura más en el cosmos.
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