La tasa de natalidad se desplomó a 5,63 por cada 1.000 personas, la más baja desde el ascenso al poder del Partido Comunista en 1949, mientras que la tasa de mortalidad aumentó a 8,04 por cada 1.000 personas, la más alta desde 1968. Estas cifras resaltan los crecientes desafíos demográficos que enfrenta China, incluyendo una población que envejece y una fuerza laboral que se reduce.
En respuesta a estos desafíos, Beijing ha implementado varias políticas para alentar a los jóvenes a casarse y tener hijos. En 2016, el gobierno abandonó su política de hijo único de larga data, reemplazándola con un límite de dos hijos. Cuando este cambio no produjo un aumento significativo en los nacimientos, las autoridades relajaron aún más la política en 2021, permitiendo que las parejas tengan hasta tres hijos.
Más recientemente, China ha introducido incentivos financieros para los padres, ofreciendo 3.600 yuanes (375 dólares; 500) por cada hijo menor de tres años. Varias provincias también han implementado sus propios bonos para bebés, incluyendo apoyo financiero adicional y licencia de maternidad extendida. Estas medidas reflejan la preocupación del gobierno sobre las posibles consecuencias económicas y sociales de una población en declive.
El cambio demográfico en China tiene implicaciones significativas para la economía de la nación. Una fuerza laboral que se reduce podría conducir a la escasez de mano de obra y a un crecimiento económico más lento. Una población que envejece también ejerce una mayor presión sobre los sistemas de seguridad social y atención médica del país. Los efectos a largo plazo de estas tendencias demográficas aún están por verse, pero es probable que configuren el futuro de China durante décadas.
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