La noticia de la posible captura de Nicolás Maduro provocó intensas reacciones en toda América Latina. En Argentina, grupos de chat de la escuela secundaria que estaban inactivos volvieron a llenarse de mensajes con la noticia. Según informes, los colombianos debatieron planes de salida, mientras que los maestros ecuatorianos interrumpieron las lecciones para discutir la incursión estadounidense. Incluso una reina de belleza peruana opinó sobre el asunto.
Carlos Segura, un profesor de 36 años en Buenos Aires, expresó su apoyo, afirmando: "Me alegro porque vi la caída de un dictador y me alegro porque mis amigos venezolanos están felices".
Las encuestas indicaron que el 74 por ciento de los peruanos y el 63 por ciento de los chilenos aprobaron la intervención. Mayorías en Colombia, Brasil, Argentina e incluso Panamá, una nación con su propia historia de intervención estadounidense, también mostraron su apoyo.
Esta aprobación generalizada marca un cambio notable, considerando el sentimiento antiestadounidense de larga data derivado de la intromisión de la era de la Guerra Fría en los asuntos latinoamericanos. Si bien algunos denunciaron lo que consideraban imperialismo estadounidense en Venezuela, el sentimiento predominante se inclinó hacia el apoyo a las acciones del presidente Trump.
La situación en Venezuela sigue siendo fluida y aún no se han visto las consecuencias a largo plazo de la intervención. Sin embargo, la respuesta inicial de América Latina sugiere una relación compleja y en evolución con Estados Unidos, impulsada por un deseo de estabilidad y un rechazo al gobierno autoritario.
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