Más de 200 millones de personas en todo Estados Unidos se preparan para una severa tormenta invernal que se espera traiga fuertes nevadas, aguanieve, lluvia helada y temperaturas peligrosamente bajas hasta el lunes, lo que ha provocado advertencias generalizadas por parte de los funcionarios. El Servicio Meteorológico Nacional (NWS, por sus siglas en inglés) emitió avisos que se extienden desde las Montañas Rocosas del Sur hasta Nueva Inglaterra, pronosticando interrupciones en los viajes, posibles cortes de energía y daños significativos a los árboles.
La agencia advirtió que las temperaturas gélidas, agravadas por los fuertes vientos, crearían factores de sensación térmica peligrosamente bajos que se extenderían desde el centro-norte de los EE. UU. hasta las llanuras del sur, el valle del Mississippi y el medio oeste. El mapa de pronóstico del NWS indicó que una parte importante de los dos tercios orientales del país estaba bajo alguna forma de alerta de tormenta invernal, hielo o frío extremo.
La gravedad del clima inminente llevó a llamamientos urgentes de las autoridades, enfatizando la necesidad de que los residentes prioricen la seguridad. "Abríguense, pónganse a salvo y quédense allí", instaron los funcionarios, haciéndose eco de sentimientos similares que a menudo se emiten en otras naciones que enfrentan eventos climáticos extremos. La escala del sistema de tormentas es notable, impactando un área geográficamente diversa comparable al tamaño de varios países europeos combinados. Tales eventos climáticos generalizados resaltan la creciente vulnerabilidad de la infraestructura y las poblaciones al clima extremo, un desafío que se enfrenta a nivel mundial debido al cambio climático.
La tormenta llega cuando muchas naciones están lidiando con las consecuencias económicas y sociales de patrones climáticos cada vez más erráticos. En Europa, las recientes olas de calor y sequías han afectado la producción agrícola y los recursos hídricos. De manera similar, partes de Asia han experimentado inundaciones devastadoras, desplazando a millones de personas y causando importantes daños económicos. La tormenta en los EE. UU. subraya la necesidad de una preparación sólida para desastres y una infraestructura resiliente, lecciones aplicables en todo el mundo.
A última hora del viernes, más de media docena de gobernadores, desde Texas hasta estados más al norte, se coordinaban con las agencias federales para prepararse para posibles emergencias. El enfoque inmediato sigue siendo garantizar la seguridad pública y minimizar las interrupciones causadas por la tormenta, y se espera que los esfuerzos de recuperación se vean obstaculizados por las persistentes temperaturas gélidas hasta la próxima semana. La situación está siendo monitoreada de cerca y se proporcionarán actualizaciones a medida que avance la tormenta.
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