El gobierno de Estados Unidos expresó el viernes su profunda preocupación con respecto a la reciente decisión de Canadá de permitir la importación de vehículos eléctricos (VE) de fabricación china, sugiriendo que la medida sería, en última instancia, perjudicial para los intereses económicos de Canadá. El Secretario de Transporte de EE. UU., Sean Duffy, hablando en una fábrica de Ford en Ohio, declaró que Canadá "seguramente lamentaría" permitir la entrada de hasta 49.000 VE chinos en su mercado, y añadió que estos vehículos tendrían prohibida la entrada en EE. UU.
La postura de EE. UU. se produce después de que Canadá, en 2024, implementara aranceles del 100 por ciento a los VE chinos, reflejando aranceles similares impuestos por EE. UU. Sin embargo, un acuerdo comercial posterior anunciado el viernes por el Primer Ministro canadiense, Mark Carney, aparentemente revirtió esta postura proteccionista, abriendo la puerta a que los fabricantes chinos de VE se afiancen en el mercado canadiense. El impacto financiero potencial de esta decisión es significativo. Los analistas predicen que la afluencia de VE chinos más baratos podría socavar a los fabricantes de automóviles canadienses nacionales, lo que podría provocar la pérdida de empleos y la reducción de la inversión en la fabricación local.
El contexto del mercado es crucial. El mercado mundial de VE es cada vez más competitivo, y los fabricantes chinos están ganando rápidamente cuota de mercado debido a los menores costes de producción y a las subvenciones gubernamentales. Al permitir los VE chinos, Canadá corre el riesgo de depender excesivamente de una cadena de suministro extranjera, lo que podría debilitar su propia industria automotriz. La medida también podría crear una puerta trasera para que los VE chinos accedan indirectamente al mercado estadounidense, eludiendo los aranceles existentes.
La industria automotriz es una piedra angular de la economía canadiense, que contribuye con miles de millones de dólares anuales y emplea a cientos de miles de trabajadores. Empresas como Ford, GM y Stellantis han invertido fuertemente en operaciones canadienses, particularmente en la producción de VE. La decisión del gobierno canadiense de permitir los VE chinos podría socavar estas inversiones y poner en peligro la viabilidad a largo plazo del sector automotriz nacional.
De cara al futuro, la oposición del gobierno estadounidense sugiere una posible fricción comercial entre los dos países. EE. UU. podría considerar medidas de represalia, como la imposición de aranceles adicionales a los productos canadienses, para presionar a Canadá a reconsiderar su política de VE. La situación pone de relieve la compleja interacción del comercio, la seguridad nacional y la política industrial en el mercado automotriz mundial, que evoluciona rápidamente. Las consecuencias a largo plazo de la decisión de Canadá están por verse, pero la advertencia del gobierno estadounidense subraya los riesgos potenciales que implica.
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