El presidente de EE. UU., Donald Trump, amenazó con imponer aranceles a los países que se opongan a su ambición de anexar Groenlandia, un territorio autónomo bajo la soberanía de Dinamarca. En una reunión en la Casa Blanca, Trump declaró que "podría imponer un arancel a los países si no están de acuerdo con Groenlandia", aunque no especificó qué naciones podrían ser el objetivo ni la base legal para tales aranceles.
Las declaraciones de Trump coincidieron con la visita de una delegación bipartidista del Congreso a Groenlandia, destinada a demostrar apoyo al territorio. La delegación de 11 miembros, incluidos republicanos que han expresado reservas sobre el interés del presidente en adquirir Groenlandia para fines de seguridad nacional de EE. UU., se reunió con miembros del parlamento, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen. El senador Chris Coons, demócrata y líder de la delegación, no comentó sobre la amenaza arancelaria del presidente.
La perspectiva de que Estados Unidos adquiera Groenlandia se ha encontrado con resistencia no solo de Dinamarca y Groenlandia, sino también desde dentro de los EE. UU., donde muchos han expresado escepticismo. Groenlandia, aunque forma parte del Reino de Dinamarca, posee una autonomía significativa, administrando sus propios asuntos internos, mientras que Dinamarca se encarga de la política exterior y la defensa. La ubicación estratégica de la isla, sus ricos recursos naturales y su potencial para la investigación científica la han convertido en objeto de interés internacional.
La noción de que EE. UU. compre Groenlandia no es nueva. En 1946, EE. UU. ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares por la isla, una oferta que fue rechazada. Durante la Guerra Fría, la Base Aérea de Thule en Groenlandia se convirtió en una parte crucial de la estrategia de defensa de EE. UU. El interés actual en Groenlandia refleja la creciente competencia geopolítica en el Ártico, particularmente en lo que respecta al acceso a los recursos y las rutas marítimas a medida que las capas de hielo se derriten debido al cambio climático.
La posible imposición de aranceles añade una nueva capa de complejidad a la ya tensa relación entre EE. UU. y algunos de sus aliados. No está claro cómo procederá EE. UU., dada la oposición generalizada a la adquisición y las preguntas sobre la legalidad y la viabilidad de utilizar aranceles para lograr tal objetivo de política exterior. La situación está en curso y se esperan nuevos acontecimientos a medida que continúen las conversaciones entre EE. UU., Dinamarca y Groenlandia.
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