La creencia generalizada de que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) está directamente causado por niveles bajos de dopamina es una idea errónea, según investigadores que estudian la afección. Esta idea, a menudo amplificada en las redes sociales y en la literatura popular, simplifica en exceso la compleja neurobiología del TDAH, afirman los científicos.
Jan Haavik, neurocientífico de la Universidad de Bergen en Noruega, relató una experiencia en la que un individuo con TDAH afirmó que los niveles bajos de dopamina eran una característica conocida de la afección. Haavik expresó su sorpresa, señalando que los datos científicos no respaldan definitivamente una conexión directa entre la dopamina baja y el TDAH.
El vínculo entre la dopamina y el TDAH surgió inicialmente en la década de 1960, cuando los investigadores descubrieron que los medicamentos estimulantes, que aumentan los niveles de dopamina en el cerebro, podían aliviar los síntomas del TDAH. Esto llevó a la hipótesis de que el TDAH era causado por una deficiencia de dopamina. Sin embargo, investigaciones posteriores que utilizaron técnicas de neuroimagen revelaron un panorama más intrincado. Estos estudios indicaron que las personas con TDAH pueden tener diferencias en el transporte de dopamina y en la función de los receptores, en lugar de tener simplemente niveles generales más bajos del neurotransmisor.
"Las causas del TDAH son más diversas y matizadas que un simple déficit de una señal química en el cerebro", explicó Haavik.
La dopamina es un neurotransmisor que desempeña un papel crucial en la recompensa, la motivación y la atención. Se produce en regiones específicas del cerebro y se libera cuando el cerebro anticipa o experimenta algo placentero. Esta liberación refuerza los comportamientos que conducen a resultados positivos. En el contexto del TDAH, el sistema de dopamina puede no funcionar de forma óptima, lo que provoca dificultades para concentrar la atención, controlar los impulsos y regular los niveles de actividad.
Aunque los mecanismos exactos aún se están investigando, los investigadores creen que los factores genéticos, las influencias ambientales y las variaciones en la estructura y la función del cerebro contribuyen al desarrollo del TDAH. Estos factores pueden afectar al sistema de dopamina de diversas maneras, lo que conduce a la diversa gama de síntomas observados en las personas con TDAH.
La idea errónea de que la dopamina baja es la única causa del TDAH puede tener consecuencias negativas. Puede llevar a centrarse únicamente en los tratamientos que aumentan la dopamina, descuidando otras intervenciones potencialmente beneficiosas, como la terapia conductual, el entrenamiento cognitivo y las modificaciones del estilo de vida. También puede crear estigma e incomprensión en torno a la afección.
Los investigadores siguen investigando la compleja interacción de neurotransmisores, circuitos cerebrales y factores ambientales implicados en el TDAH. Las técnicas avanzadas de neuroimagen, como la tomografía por emisión de positrones (PET) y la resonancia magnética funcional (fMRI), están proporcionando información valiosa sobre las bases neurobiológicas del trastorno. Estos esfuerzos tienen como objetivo desarrollar tratamientos más específicos y eficaces que aborden las diversas necesidades de las personas con TDAH.
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