Según analistas de la industria, se prevé que los gobiernos de todo el mundo inviertan 1,3 billones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial para 2030, impulsados por el deseo de contar con capacidades de IA soberanas. Esta inversión tiene como objetivo establecer el control nacional sobre la IA a través de centros de datos nacionales, modelos entrenados localmente, cadenas de suministro independientes y canales de talento nacionales. El impulso hacia la soberanía de la IA es en gran medida una respuesta a las recientes perturbaciones mundiales, incluidos los problemas de la cadena de suministro de la COVID-19, el aumento de las tensiones geopolíticas y la guerra de Ucrania.
Sin embargo, la búsqueda de una autonomía total en materia de IA se enfrenta a importantes retos debido a la naturaleza intrínsecamente global de las cadenas de suministro de la IA. El diseño de los chips suele realizarse en Estados Unidos, mientras que la fabricación se concentra en Asia Oriental. Los modelos de IA se entrenan con conjuntos de datos procedentes de varios países y las aplicaciones se despliegan en numerosas jurisdicciones internacionales. Esta interconexión dificulta la consecución de una verdadera autosuficiencia.
Una encuesta de Accenture realizada en noviembre reveló que el 62% de las organizaciones europeas buscan activamente soluciones de IA soberanas. Esta demanda está impulsada principalmente por preocupaciones geopolíticas más que por requisitos puramente técnicos. En Dinamarca, esa cifra se eleva al 80%, lo que indica un fuerte énfasis regional en el control de las tecnologías de IA dentro de las fronteras nacionales.
El concepto de "IA soberana" se refiere a la capacidad de una nación para desarrollar, desplegar y controlar las tecnologías de IA de forma independiente, garantizando que estas tecnologías se ajusten a los valores e intereses estratégicos nacionales. Esto incluye el control sobre los datos, los algoritmos y la infraestructura, reduciendo la dependencia de entidades extranjeras.
Los expertos sugieren que un enfoque más realista y eficaz de la soberanía de la IA implica pasar de un modelo defensivo de autosuficiencia a uno que haga hincapié en la orquestación. Esto implica equilibrar la autonomía nacional con las asociaciones estratégicas, permitiendo a los países aprovechar las colaboraciones internacionales manteniendo el control sobre los aspectos críticos de sus ecosistemas de IA.
Las estrategias centradas en la infraestructura que están aplicando actualmente muchas naciones pueden encontrar limitaciones. La construcción y el mantenimiento de una infraestructura de IA integral, incluidos los centros de datos y los recursos informáticos de alto rendimiento, requieren una inversión sustancial y conocimientos técnicos. Además, el acceso a datos diversos y de alta calidad, esenciales para entrenar modelos de IA eficaces, a menudo requiere acuerdos internacionales de intercambio de datos.
Las implicaciones de la soberanía de la IA van más allá de las consideraciones económicas y tecnológicas. El control sobre las tecnologías de IA puede influir en la seguridad nacional, las políticas públicas y la preservación cultural. Por ejemplo, los gobiernos pueden tratar de utilizar la IA para mejorar la ciberseguridad, mejorar los servicios sanitarios o promover valores culturales específicos.
El estado actual de los esfuerzos de soberanía de la IA varía de un país a otro. Algunas naciones se están centrando en la construcción de industrias nacionales de IA a través de la financiación gubernamental y el apoyo regulatorio, mientras que otras están priorizando las colaboraciones internacionales para acceder a la experiencia y los recursos. La siguiente fase de desarrollo probablemente implicará el perfeccionamiento de las estrategias para equilibrar los intereses nacionales con las realidades de un ecosistema de IA globalizado.
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