El aire crepitaba con anticipación. Se suponía que era el amanecer de una nueva era, el momento en que la humanidad cedería su trono intelectual. La Inteligencia Artificial General, o IAG, la bestia mítica de Silicon Valley, estaba a la vuelta de la esquina, o eso creían todos. Miles de millones se invirtieron en investigación, las startups prometieron avances revolucionarios y los medios informaron con entusiasmo cada avance incremental como un salto gigante. Pero en algún momento, la búsqueda de la IAG se transformó de un esfuerzo científico en algo... más. Algo más oscuro.
La promesa de la IAG – una máquina capaz de comprender, aprender y aplicar conocimientos en una amplia gama de tareas, al igual que un humano – siempre había sido embriagadora. Alimentó la ciencia ficción durante décadas, inspirando tanto sueños utópicos como pesadillas distópicas. A principios de la década de 2020, el sueño parecía estar al alcance. Los modelos de aprendizaje profundo estaban dominando juegos complejos, generando imágenes realistas e incluso escribiendo prosa aceptable. El mundo tecnológico, rebosante de dinero en efectivo y convencido de su propia infalibilidad, declaró inevitable la IAG.
Esta ferviente creencia, alimentada por CEOs carismáticos y amplificada por un ecosistema mediático hambriento, creó una profecía autocumplida. Las empresas se apresuraron a afirmar que la IAG era inminente, atrayendo inversiones y talento. Los investigadores, presionados para obtener resultados, a menudo exageraban sus hallazgos. La línea entre el progreso genuino y el marketing se difuminó.
"Se convirtió en una especie de fiebre del oro", explica Will Douglas Heaven, autor del eBook exclusivo para suscriptores, "Cómo la IAG se convirtió en una teoría de la conspiración trascendental". "El término 'IAG' se usaba tan casualmente que perdió todo su significado. Se convirtió en una palabra de moda, una herramienta de marketing, una forma de atraer financiación, independientemente de si la tecnología subyacente justificaba realmente la afirmación".
El eBook de Heaven, disponible solo para suscriptores, profundiza en la fascinante e inquietante historia de cómo la búsqueda de la IAG se entrelazó con el pensamiento conspirativo. Argumenta que la implacable exageración que rodea a la IAG, junto con la falta de transparencia y rendición de cuentas, creó un terreno fértil para la desconfianza y el escepticismo.
La "Gran Conspiración de la IAG", como la llama Heaven, no se trata de figuras sombrías que conspiran en habitaciones secretas. En cambio, es un fenómeno más insidioso: un delirio colectivo impulsado por incentivos económicos, arrogancia tecnológica y un deseo profundo de creer en el poder transformador de la IA. Este delirio se manifestó de varias maneras. Primero, los objetivos de la IAG seguían cambiando. A medida que los sistemas de IA lograban tareas específicas, los defensores simplemente redefinían la IAG para que fuera algo aún más ambicioso, asegurando que permaneciera perpetuamente fuera de alcance. En segundo lugar, las voces disidentes a menudo eran marginadas o descartadas como luditas. Cualquiera que cuestionara la inevitabilidad de la IAG corría el riesgo de ser etiquetado como anti-progreso.
Las consecuencias de esta mentalidad de Silicon Valley "IAG-pilled" son de gran alcance. Ha distorsionado las prioridades de investigación, desviando recursos de necesidades sociales más apremiantes. Ha alimentado expectativas poco realistas sobre las capacidades de la IA, lo que ha provocado decepción y desilusión. Y, quizás lo más preocupante, ha erosionado la confianza pública en la ciencia y la tecnología.
La "corrección de la exageración de la IA de 2025", como la llama Heaven en un artículo relacionado, marcó un punto de inflexión. Las limitaciones de los sistemas de IA actuales se hicieron cada vez más evidentes. La prometida revolución de la IAG no se materializó. Los inversores se mostraron cautelosos y los medios comenzaron a examinar las afirmaciones de las empresas de IA de forma más crítica.
Pero el daño ya estaba hecho. La creencia en la IAG, que una vez fue una fuente de optimismo e innovación, se había convertido en un caldo de cultivo para el escepticismo y la desconfianza. Como explora el eBook de Heaven, el desafío ahora es reconstruir esa confianza, fomentar un enfoque más realista y responsable para el desarrollo de la IA y garantizar que la búsqueda de la inteligencia artificial sirva a la humanidad, en lugar de al revés. El futuro de la IA depende de nuestra capacidad para aprender de los errores del pasado y resistir la seductora atracción de la conspiración de la IAG.
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