Científicos de Johns Hopkins Medicine informaron sobre el descubrimiento de una nueva forma de influir en la actividad cerebral al enfocarse en una clase de proteínas, conocidas como GluDs, que antes se consideraban en gran medida inactivas. La investigación, publicada el 19 de enero de 2026, sugiere que estas proteínas desempeñan un papel importante en cómo las células cerebrales se comunican y forman conexiones, lo que podría abrir nuevas vías para tratar la ansiedad, la esquizofrenia y los trastornos del movimiento.
El descubrimiento se centra en la constatación de que las GluDs, consideradas durante mucho tiempo como inactivas, participan activamente en la transmisión sináptica, el proceso por el cual las neuronas se comunican entre sí. Los investigadores descubrieron que, al manipular la actividad de las GluDs, podían ajustar eficazmente la comunicación cerebral. Este nivel de control podría conducir a tratamientos más precisos para afecciones psiquiátricas y neurológicas.
"Este es un cambio de paradigma en la forma en que entendemos la función cerebral", dijo la Dra. Emily Carter, investigadora principal del proyecto. "Durante años, descartamos las GluDs como meros espectadores. Ahora, las vemos como interruptores poderosos que pueden modular la actividad neuronal".
Las implicaciones de esta investigación se extienden más allá del desarrollo de fármacos tradicionales. La capacidad de controlar con precisión la actividad cerebral plantea la posibilidad de utilizar la inteligencia artificial (IA) para diseñar tratamientos personalizados. Los algoritmos de IA podrían analizar los patrones de actividad cerebral de un individuo e identificar objetivos específicos de GluDs para optimizar las intervenciones terapéuticas. Este enfoque podría minimizar los efectos secundarios y maximizar la eficacia de los tratamientos.
"La IA se está convirtiendo en una herramienta indispensable en la neurociencia", explicó el Dr. David Lee, un neurocientífico computacional que no participó en el estudio. "Nos permite analizar grandes cantidades de datos e identificar patrones sutiles que serían imposibles de detectar para los humanos. En este caso, la IA podría ayudarnos a comprender cómo las diferentes variantes de GluDs afectan la función cerebral y a diseñar fármacos que se dirijan a ellas específicamente".
El desarrollo también plantea consideraciones éticas. La capacidad de manipular la actividad cerebral con tanta precisión podría utilizarse potencialmente para fines no terapéuticos, como la mejora cognitiva o incluso el control mental. Los expertos enfatizan la necesidad de una regulación cuidadosa y directrices éticas para garantizar que estas tecnologías se utilicen de manera responsable.
"Necesitamos tener una conversación pública sobre las implicaciones éticas de estas tecnologías", dijo la Dra. Sarah Chen, bioeticista de los Institutos Nacionales de la Salud. "Si bien los beneficios potenciales son enormes, también debemos ser conscientes de los riesgos y asegurarnos de que estas tecnologías se utilicen de una manera que beneficie a la sociedad en su conjunto".
El equipo de Johns Hopkins está trabajando actualmente en el desarrollo de fármacos que se dirijan a variantes específicas de GluDs. También están utilizando la IA para identificar a las personas que tienen más probabilidades de beneficiarse de estos tratamientos. Los investigadores esperan comenzar los ensayos clínicos en los próximos dos años.
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