Se finalizó un acuerdo internacional para proteger la vida marina en alta mar, lo que marca un paso significativo hacia la conservación de los océanos. El tratado, que ha tardado años en elaborarse, tiene como objetivo establecer la supervisión y la gestión de las zonas oceánicas más allá de la jurisdicción nacional, a menudo denominadas "alta mar". Estas aguas, que constituyen casi dos tercios de los océanos del mundo, históricamente han carecido de una protección legal integral, lo que ha generado preocupación por la sobrepesca, la destrucción del hábitat y la pérdida de biodiversidad.
El acuerdo aborda el establecimiento de áreas marinas protegidas en aguas internacionales, garantizando la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina. También establece directrices para las evaluaciones de impacto ambiental de las actividades en alta mar, exigiendo que se evalúen los posibles daños a los ecosistemas marinos antes de que se lleven a cabo los proyectos.
"Durante demasiado tiempo, la alta mar ha sido el salvaje oeste del océano", dijo Bryan Walsh, director editorial sénior de la sección Future Perfect de Vox. "Este tratado podría finalmente aportar supervisión".
El desarrollo del tratado implicó extensas negociaciones entre los estados miembros de las Naciones Unidas, lo que refleja una creciente conciencia mundial de la importancia de la salud de los océanos. El acuerdo reconoce el principio del patrimonio común de la humanidad, reconociendo que los recursos de la alta mar deben gestionarse en beneficio de todas las naciones, con especial atención a las necesidades de los países en desarrollo.
La alta mar alberga una vasta variedad de vida marina, incluidas especies migratorias como ballenas y tiburones, así como ecosistemas únicos de aguas profundas. Estas áreas también desempeñan un papel crucial en la regulación del clima de la Tierra al absorber dióxido de carbono de la atmósfera. El nuevo tratado tiene como objetivo salvaguardar estos recursos vitales y garantizar su uso sostenible para las generaciones futuras.
El acuerdo se considera un paso crucial para alcanzar los objetivos mundiales de biodiversidad, incluido el objetivo de proteger el 30% de los océanos del mundo para 2030. Sin embargo, la eficacia del tratado dependerá de su ratificación e implementación por parte de cada país. Una vez ratificado, las naciones serán responsables de incorporar las disposiciones del tratado en sus leyes y políticas nacionales. La comunidad internacional también deberá establecer mecanismos de seguimiento y aplicación para garantizar el cumplimiento del acuerdo.
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